Paisajes y Flores

Guayasamín, en su vida amorosa, repetía con el título de la novela de Cristian Rochefort, que los intervalos entre una mujer y otra él estaba en la fase de "El Reposo del Guerrero".

En su vida de pintor, el reposo -la nostalgia, la soledad, el silencio- lo convertía en paisajes y flores.

La diferencia entre un cuadro tremendo, angustiado o angustioso de una de sus colecciones y la atmósfera apacible o íntima de un paisaje o de unas flores, Guayasamín decía que los primeros eran "de piel adentro", y los segundos "de piel afuera".

Paisajes como los "Quitos" o flores como la infinidad de "Crotos" por él pintados, no pierden su lenguaje plástico propio y característico, que llamaba "expresionismo" recuperado de su ancestro aborigen -"vengo pintando hace 3 o 5 mil años"-, cuyas evidencias se encuentran en Sechín, en los muros incas, o en los símbolos de cualquier vasija, plato o figura de las culturas ancestrales del continente.

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